El ejercicio físico, gran aliado y peligroso enemigo para conciliar el sueño | Somnisa

El ejercicio físico, gran aliado y peligroso enemigo para conciliar el sueño

Hoy sí, es el día. Te has propuesto acostarte pronto para afrontar esa reunión tan importante de mañana lleno de energía y bien espabilado. Como la lectura, la música relajante o las infusiones no suelen ser antídoto de garantías contra el estrés que acumulas en tu actividad diaria, hoy tienes preparado un plan de choque para caer liviano como una pluma en los brazos de Morfeo antes de la medianoche: una sesión intensiva de cardio justo antes de dormir en el gimnasio 24 horas que acaban de abrir en el barrio. A priori, parece la receta perfecta para caer “doblado” en la cama en cuanto llegues a casa. Pero, ¿cómo afecta realizar ejercicio a nuestro sueño?

 

El plan se desarrolla según lo previsto. Una vez quemados varios cientos de calorías, te acurrucas bajo las sábanas dispuesto a paladear el éxito en forma de sueño reparador. Tic, tac. Tic, tac. ¿Qué falla? Pasan los minutos y ahí sigues, cambiando de esta postura a la otra, tan despierto o más que cuando entraste a la oficina esta mañana, con la mirada fija en el LED rojo del dichoso reloj-despertador que en un rato deberá levantarte de un bote de tu ansiado descanso nocturno. En pleno círculo vicioso, una pregunta ronda tu cabeza…

 

¿Pero cómo no puedo dormirme con lo cansadísimo que estoy?

Bueno, la respuesta es muy simple: quizás estés demasiado cansado como para poder conciliar el sueño.

Y es que tendemos a establecer una relación proporcional entre la fatiga causada por un ejercicio físico intenso y la probabilidad de quedarnos dormidos con rapidez, cuando en realidad se trata de lo contrario. Al menos, cuando este ejercicio se ha realizado de noche, pocas horas antes de acostarse.

La explicación, como siempre, está en la ciencia. Detrás de los numerosos beneficios conocidos del ejercicio está la liberación en la hipófisis de las famosas endorfinas, una reacción química que da lugar un auténtico cóctel de sensaciones placenteras en el interior de nuestro cerebro, similares en algunos aspectos a las que pueden generar los opiáceos o la mismísima heroína. Aunque sin sus efectos negativos, ¡claro! Esas mismas endorfinas, que tanto bien le harán a tu estado de ánimo o incluso a las defensas de tu cuerpo, se aliarán con tu estrés para mantenerte bien activo y en vela todavía un rato más, hasta que se haya disipado su poderoso y fugaz efecto.

 

Entonces, ¿el ejercicio no es bueno para dormir?

Al contrario, es muy bueno. La actividad física en sí misma es un hábito con efectos positivos para la calidad de nuestro sueño, como lo son también una dieta saludable, las rutinas de relajación o mantener unos horarios regulares para dormirse y despertarse cada día. Ningún experto te desaconsejará que lo hagas.

Ahora bien, realizar ejercicio en las horas previas a marcharse a la cama puede llegar a ser casi tan contraproducente como el propio consumo de café o alcohol, dos de las malas costumbres a evitar más obvias en este sentido: sobreexcita tu sistema, cuando lo que necesitas es precisamente iniciar la desconexión hacia el sueño.

Razón suficiente, sin duda, para encomendarse a otras técnicas más indicadas para pegar ojo en el last-minute o, al menos, adelantar unas horas esa buena sesión diaria de machaque en el gimnasio.

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